Cuando oigo España
(Con motivo del atentado terrorista-nacionalista
en Mallorca el 30 de julio de 2009)
Cuando oigo España
no puedo dejar de sentir
una armoniosa melodía en mis adentros
a pesar de los bandos, de los muertos,
todos tambores antiguos resonando
en un profundo culto de concierto:
gaita, guitarra, timples y trompetas,
cajones, palmas y tenoras,
atávico rumor que ríe o llora.
Estoy contento de ser español como sería
feliz de saberme nipón o bizantino,
humana humanidad de los iguales
no me seducen patrañas nacionales
ni los caminos que mueven a las guerras,
dejo esa muerte a quien vivir no quiera.
España,
no me avergüenza tu nombre ni me aplasta
el destructivo aullar de los rechazos
de quien nacido es sólo para odiar
de tu península el suelo vertebrado.
He habitado en Galicia, y en Asturias
he aspirado sus costas y sus prados,
desde el pueblo Cariño hasta Hondarribia
sus bravas lenguas de mar he navegado
a través del asombro, del silencio,
ventura compartida
con cántabros y vascos.
Saint-Jean-Pied-de-Port dejé por Roncesvalles,
Navarra, encrucijada de historia aquilatada,
de Carcastillo a Irati caminaba,
Zugarramurdi encontré sin ser buscada.
Aragón densa y fuerte, nací de tus entrañas
como nacen los dioses de las fábulas
como nacen los hombres de la tierra
con la carne pequeña y expectante
con el alma colgada en las estrellas,
en tu aire aprendí el respiro firme
de la nave segura que hoy me lleva.
Juventud catalana, Barcelona,
de tu círculo prieto y hermanado
bailó en redondo mi resuelta primavera,
donde mi edad culminó en la gran marea
sobre tu hondo estrato que me guarda.
Levante, Castellón, hogar sereno,
todos absortos al mar que nos reclama
por sus playas y sierras, por sus planas,
mediterráneo vaivén al filo de tus olas
deslumbrados al brillo de tus aguas.
Murcia de claridad, tesón que se derrama,
hacéis vibrar los mares, la tierra no os demarca,
colosos de la huerta, amigos de montañas.
Castilla desgastada, abrumadora,
cuentan tus vientos historias sofocadas,
tu dorso descarnado de bosques primigenios
me inundan en la paz
de quien mucho ha sentido y meditado.
La Rioja, tapiz cubierto de esmeralda,
no es sólo viña y bosque, es esta letra,
esta expresión que escribo también es riojana,
lengua nacida, tinta que avanza
atravesando siglos, transformada,
líquidos tinta y vino,
una me llena, el otro no me alcanza.
Del Almanzora al Guadiana, de sus bocas,
del Mulhacén a San Fernando
Andalucía entera es un regalo,
un estallido de luz que no lo acabo,
canto tartesso, fenicio y africano
que reencuentra a los siglos en su espacio.
Extremadura inquieta, no te he ido,
de paso a Portugal he visto tus terrados,
tus ciudades abiertas, tu entusiasmo,
y corazones tuyos que he amado.
En Son Anglada la casa de los sueños
del mallorquín almendro que desgrana.
Después el Teide, en sus faldas, La Esperanza,
los atlánticos mares de mi calma.
Melilla y Ceuta viví de singladuras
en magrebí color acrisolado,
marinos francos que el puerto me enseñaron.
¿Y qué me queda? ¡La Mancha!
Me ha recogido La Mancha entre sus ópalos,
entre sus torbellinos de cielos irisados,
has acunado los sueños de mis hijos,
me has ofrecido los trigos de mis manos,
me das gozo y amigos ¿qué más valgo?
No juego yo a política absolutista,
detesto los conjuros patrioteros
como pueril disfraz a las miserias
de seres incompletos,
ni apoyo a quien desmiembra tu substancia,
España, ibérica nave transitiva
en continentes que van a la deriva.
Sólo los locos y crueles te detestan,
sólo te vivo y sé que te creído,
y desde mis ancestros
inequívocamente enumerados por los siglos,
como hijos fieles que aman a su tierra
mi sangre te ha seguido.