Poesía española contemporánea, Contemporary Spanish Poetry
Abrazo


Deja el naranjo aromas expandidos
que inundan nuestro espacio recogido
mientras tu rostro descansa en mi costado
con ojos de  ensueño que no busca distancias
y en tanto tu cabello se escurre entre mis dedos
con brillos de tiempo detenido.

Fuera de aquí el mundo ruge,
corre y sangra el deseo por las calles,
se va por los caminos que se vuelve,
ceden vidas cansadas, otras vienen.

Y ante ese mar inmenso de espejismos
yo, ausente en ti, sé con certeza
que sólo nuestro abrazo es el sentido
que en esta hora abarca a toda la existencia.

Los días de Wirral (1)


Sentado ante el estuario del río Dee,
las islas de Hilbre en su grandiosa apertura,
golpea la lluvia en la infinitud de cristaleras
que invocan la luz en las casas de Wirral.
El frío de diciembre me muerde los pies,
retenida la fiebre en los pulmones
de esta larga herida que es la vida
venida hoy a sentarme ante el océano
una vez más.

Un amigo me llama, iré más tarde,
un mensaje de Fada en Portugal,
un reflejo del río en la marea
que muere al suave encuentro con la sal.

Mi cordero se mueve sobre el verde
y el arco iris que cubre su perfil,
lo apaciento apacible en este prado
y es luminoso, sereno y ancestral.

Andamos nuestro aliento



Esta poesía, caminante, jamás puede morir
porque latía ya en los pretéritos del tiempo,
se cernía en los albores de los génesis
y se manifestó en el curso de las aguas
para tornar y hallarse en el eco que perdura
donde nada y todo forman el uno primigenio,
donde en el mal y el bien la mente no varía
y hallándose repleta, está vacía.

Y en esta hora que andamos nuestro aliento
por la vertiente torva que mueve nuestras sombras
hacia la luz embrionaria cegadora,
cuando igual que siempre el mundo se hace mole de divisas y poderes
donde el iluso pretende comerciar el centro de la vida,

entonces, amigo, peregrino solo que hollas el tramonte de los días,
emigrante de oriente y del poniente,
allegados de nieve y media luna,
transeúntes todos del sol y de los hielos,

es el momento de elevarse a cantar
melodías de alegría
que espanten a los túrbidos espíritus
que inundan las conciencias corrompidas,
es el instante de andar los bosques luminosos
que cierren vuestras distancias y la mía.

Podrán aislar nuestros cuerpos del mañana
y olvidarlos en tumbas escogidas,
mas ni aun así cesará esta semilla inacabable
que a cada instante renace hueste de sí misma.

Por tanto, gente de paso, compañeros todos,
proclamémoslo a la noche como al día,
sea este nuestro oficio de armonías
en esta tierra de estancia que nos mira.



La estación de lluvias


Es la estación de lluvias en Nepal
y en el antiguo hotel donde me alojo
veo a través de los cristales olvidados
un gran rosal de rosas blancas que se elevan
hasta el viejo balcón que es mi palacio abierto
hacia la luz del sol y las gentes de los patios.

De entre los muros húmedos y grises de letargo,
cansados de pobreza y rotos por el tiempo,
surge la flor vibrante, ligera y ofrecida
mientras se embebe de lluvia su imagen luminosa
que me absorbe la vista, el pensamiento entero
y aun todos los sentidos escapan de mi cuerpo.

Cae la lluvia, cae y cae,
arreciando el tambor improvisado
del mensaje disuelto de los cielos
que en su volcado amor besan la tierra
en miríadas de besos que resuenan
en cada gota que muere contra el suelo.

Sobre los tejados, dormidos en metales oxidados
que remiendan las tejas del pasado,
vierten las aguas sus incontables trazos
en un sinfín de líneas danzando en las canales
que esparcen sus dibujos al fondo de los patios.

Y la flor, blanca como su pureza,
se inclina agradecida con el peso
que llena la vasija de sus pétalos:
Grácil adoración que pende sobre el viento
por tanta vida libre derramada.
Pero... ¿a quién le interesan estas cosas
cuanto tantos trabajan por lo muerto?

Luz


Una luz queda flotando en el oscuro
me ha sumergido en ti cuando marchaba,
blando sigilo el pie de tu presencia 
cuando yo ni siquiera la pensaba.

Me das el pan que mueve mi existencia,
y luego el corazón me arrancas y devoras,
me brindas en tu copa inextricable
el jugo de tu luz y de tus sombras.

Eres el dios Abraxas de mi aliento,
mueves en mí los mundos que fusionas,
te veo al cabo del miedo y la paloma,
todo sucede en ti por mi persona.

Eres Yahvé, Vishnú y Virgen María,
eres Alá, Cristo en el mar y el cántico de Krishna,
Brahma, Dios Padre, Eloheynu y la Luz en las Alturas,
en el nirvana llenas la nada de los Budas,
el Zeus renovado con Cronos que le empuja,
Espíritu del Santo y el Verbo que se anuncia,

Estás ahí porque yo mismo estoy entre tus nieblas,
nada podrías ver si mi ojo no te viera,
tus juegos inmortales de cuerpos resurrectos
no acaban mientras bogues  por mis venas.

Quiero acercarme a ti y me apartas al instante,
cuando ves que me alejo te vuelves y me llamas,
te escondes en el juego del vuelo de mis ascuas
mientras tu arpón del tiempo el cuerpo me traspasa.

Te entiendo y no te entiendo, que más da,
infinitud de nombres de acompañan,
la vida de un humano diciéndolos no alcanza,
prefiero oler la flor y al hijo que me abraza.





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Atitlán 1981



Viene en el aire
una amenaza de ángeles de fuego
que busca la garganta de tus hijos,
y en el lago suena una canción triste
de arrullos que se pierden tras las olas.

Hoy he visto tus montañas llorando
bajo un velo gris de nubes coronadas
que enjugaba el llanto de sus vertientes.

Hoy el viento me ha hablado de tus muertos,
de tus indios caídos en Quiché,
la sangre más antigua en tus fronteras,
más viejos que tu nombre, Guatemala,
antiguos como Adán y Eva en sus jardines,
tan dignos como el sol de oro de su casta,
gente de paz que son y sólo buscan
medrar entre los pueblos de la tierra.

Nube azul, nube negra
que cambias tu luz en brillos de muerte,
¿no has mirado al pasar como se extiende
la sangre en la calle y la pena en el hombre?

Sin nombre y sin tiempo



Hay un monje
en El Entierro del Conde de Orgaz
cuyos ojos sobrepasan el brillo de lo natural,
y entre los coros de La Pasión según San Mateo
emanan armonías que elevan al semihombre.

Yo, sin ser pintor ni músico
me siento a veces en el brillo de esos ojos
y en el vuelo que la música aparta de la razón,
transportado en la luz que envuelve al arte
donde soy pintor y músico
al tiempo que expresión creada,
situado en el vértice que la vida abre a lo absoluto.

Ahora, con la pluma en mi mano,
que es mi pincel sobre un pentagrama en blanco,
quisiera ofrecer un sentimiento alado
que brotara del poder disuelto en la palabra
más allá de las letras y del lenguaje de la boca y de la sangre,
un bello rasgo que aunara en lo sencillo
toda existencia del alma y de la carne.

Si estás aquí, en el verso
y eres El Greco y Bach sin distinción,
aquí me encontrarás y encontrarás a todos,
sin nombre y sin tiempo
en el rincón de ti mismo que habita en lo inmortal.




The days of Wirral (2)


Paying no heed to the world I walk along
this stretched track of  blaze in front of me
there must be a place where I belong
foliage and dust still cover it.

Time has yet soothed the primary strong thorns
by love surrounding all my air around
but for the gleam that stands afar and calls
the softest hours my clock has gently wound.

Steady winds steer my greed aside
blowing the waves and weighing both my anchor,
this wintry shore spreads its highest tide
which veers my barge to sail that distant harbour.


Invocación por la Tierra



Lanzaban por la ventana en la Edad Media
sus restos y excreciones a las calles,
la peste devastó urbes y lugares,
y en tanta mortandad por la estulticia
fueron más cementerios que ciudades.

Torpe paso el del mundo en aquel tiempo
igual que en anteriores, desde siempre
el  hombre ha tropezado en esa piedra
denominada ignorancia original
que sobrevive a las marcas de los tiempos
y a cada soplo convoca a nuestro aliento.

¿Qué oscuridad es esta que nos sigue
siempre adherida al ser de nuestra esencia
nunca alterada en la historia de esta especie
que a sí misma se entrona ante la tierra?

Líbranos, dios, una vez más de esta riada
de chimeneas y coches apestosos
que pudren la burbuja de estos cielos
azules hasta hoy, algo ya foscos
por este rumbo errado del progreso.

De las aguas apártanos las plagas,
de aquel diáfano mar que he navegado
por mi entraña y mi afuera, por sus rutas
de olas claras al pie de las estrellas,
hoy cargados de plásticos y grasas
que a la deriva profanan las riberas.

Presérvanos del ojo codicioso
amante de ganar a cualquier costo,
del césar y sus guerras, de los otros
que nadan en las aguas de los muertos.

De nosotros mismos sálvanos,
sea sobre la hierba el pie de paso suave,
sea extensa luz que a nuestra mente invade
para hollar los caminos del planeta
y pilotar con blandura nuestras naves.

Prepáranos ese cielo y tierra nueva
que prometiste en milenios anteriores,
no en Marte ni en Saturno, por ahora,
sino al regazo limpio de esta Tierra.


¿Por qué camino te fuiste?



¿Por qué camino te fuiste, amada mía,
por cuál remoto extravío anocheciste?

Yo sólo quiero
uncir en ti los pasos de mis días
y al despertar,
en el sigilo gris que anuncia el alba,
poner jazmines frescos en tu almohada
y en las manos
los pétalos fragantes que desgranan
y en tu oído
el ave de cristal de mis palabras,
declararte mi amor emocionado
mientras navego en el mar de tu mirada.
Contarte cómo el sol se gasta lento
cuando lejos de ti mi mente te cincela
desde la oscura noche de mi celda.

Pero ¿dónde estás, amada mía,
que tardas y mi vista y a mis ojos
y en soledad los días me doblegan?
¿Por qué senda te fuiste inadvertida,
por cuál vereda oculta de mis bosques,
que ya no encuentro oriente que me guie
ni en este mar, sumido en temporales,
estrella que a tu rumbo me retorne?


El hijo ausente



Los dardos han llegado con el tiempo,
han arribado en vientos de distancia,
las aristas del tiempo conjuradas
se clavan en el eco de mis pasos
y el vacío del cuarto me traspasa.

Sabíamos del paso de estas naves,
sabemos siempre los hondos de la vida
sin escuela ni libro ni consejo
el código del hombre que transita.

Venir aquí, llegar y ser amado,
este reguero de sangre que palpita,
los pechos inflamados de ternura,
los años de alegría, desalientos,
luces que dejan el hoyo y la caverna
para hollar los jardines y desiertos
que el sol quiera poner en nuestros días.

Miro  a la luz del sol por su ventana,
una paloma desciende en vuelo lento,
alas abiertas de imagen contenida,
se posa en el alféizar y me mira.
Vuelvo a mirar su imagen y no estaba.

Sale mi hijo a enfrentarse a las tormentas,
las almas luminosas, los venenos,
los abrazos amigos, soledades,
el gozo de ser libre, los errores,
el amor extendido a puerta abierta,
las ocluidas puertas del camino,
el juego de marcharse tras lo eterno.

He de dejar  su alcoba, me atenaza
el vaho de sus  luces y sus sombras,
me embarga este vacío  aunque previsto,
y aquí sigue mi vida,  por  su lado.







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A toda hora



Yo soy el hombre auténtico en la tierra
como es auténtica una piedra por ser piedra
o el viento por ser viento en las esferas.

No va mi genuino ser, con todo,
más allá de este aliento inadvertido,
de estos articulados huesos que me llevan,
de esta mente constante que me acucia
y de estos hilos tejidos que en lo oculto
conjugan a mi ser con mi destino.

Tan auténtico soy que a veces pienso
-lejos de las rutinas cotidianas-
si soy yo o es otro ser el que me vive,
si no será que el tiempo sólo quiere
jugar con mi  trasiego y yo lo esquivo.

Y duradero soy, como el amante
que añora en corazón entre sus vuelos,
aquel que tras llorar por las heridas
sobre un jardín de flores ya marchitas,
se encumbra a dispersar semillas nuevas
que pueblen sus jardines de alegría.

Constante como el curso de  las aguas,
hoy en forma de río o de una ola,
una nube mañana en el vacío
o quieto fondo del pozo que me acoja.

Yo soy aquel humano perdurable
que no cede ante el peso de las cosas,
sólo en la justa medida en que desgastan
los vientos a las rocas.

Tan seguro estoy  yo de estar seguro
que a toda hora la duda me interroga.








Palestina


No lo sabrán hoy los corazones palestinos
ni llegará al oído de Israel
que en Hellín, lindero de La Mancha,
varios adolescentes, manos blancas,
sobre un estrado en un patio, han hermanado
a la derecha, un pañuelo palestino,
y a la izquierda, un manto hebreo de rezar.
Sobre ambos posa un símbolo sencillo,
un estandarte antiguo de la paz:
tres pequeños jinetes en camellos
que buscan a un infante por Judá.

En esta hora una casa en Palestina,
que es un refugio, esperanza y un fortín
otro mozuelo vigila en la ventana
a la patrulla judía que podría
entrar o no, quien sabe, o destruir
ese pequeño hogar de Gaza o Jericó.

Corre la sangre en el lecho de los años,
bombas suicidas, tanques, quebranto, destrucción
intifadas con niños, odios, jamás sobre jamás,
Caín y Abel repitiéndonos la historia
que ya sabemos, del hombre sobre el mar.

Quiero decir que ya no es tierra santa,
más se asemeja hoy a una tierra sin piedad,
lloran sus hijos en las llanuras yertas,
pabilo ardiente del fuego de Abraham.
.
Y aclamo hoy con fuerza desde el verso
que en un pueblo manchego, muy lejos del Jordán,
un puñado de jóvenes, con gesto natural,
han acercado la kufiya palestina
junto el talit hebreo, por la paz.







Desapego


Si yo escribo al hombre
no es por un cambio ventajoso, ni por fama,
no espero apologías ni un vaso de agua
-¿quién pagará al viento su proclama?-
Tal vez me encontraré muy lejos de estas líneas
cuando tus ojos busquen detrás de las palabras.


Si yo riego el árbol
es porque veo sus hojas abrasadas
y mustia la corriente de su savia,
no por gozar su fruto ni su sombra
ni por la flor que envuelta en pétalos me amansa.
Tal vez me encontraré muy lejos de estos campos
cuando las aves aniden al verde de sus ramas.


Amado Lumbela
Babilonia siempre


La fotografía no es un ardid, no necesita trucaje
cuando muestra lo que sabemos, algo ya convencional:
Un acólito del imperio babilónico,
vestido de oscuro y estrella en el pecho,
maltrata a un muchacho inerme, y al fondo
más seres oscuros de pecho estrellado
disuelven a golpes a un grupo de gente
que pide paz
en medio del camino
sin otra ostentación que algunos carteles
y un cuerpo presente cargado de vida
que expone atrevido su sangre despierta.

Yo, que llego de ver las montañas
y al hambre en los pobres roerles la cara,
siento estremecido la fiera figura
que arrastra al cordero vestido de calma.
Y yendo a escribir a la paz un poema
la flor de mi pluma se torna acerada
sin ritmo ni música ni suaves cadencias,
sin más poesía que el viento desnudo
que sopla en mi mente brotando del alma.

El señor presidente de la Gran Babilonia
ha dicho ante el mundo con voz calibrada
que los pacifistas provocan las guerras
por pedir justicia y el fin de las armas.
Y los periodistas anotan muy serios
las graves palabras que caen como lava
en los pueblos dormidos de mente comprada.

En tiempos de la antigua Roma
- que fue la Babilonia prolongada -
cuando los pacíficos clamaban justicia
eran conducidos al circo en arenas
pasto de leones y torturadores.
Hoy, simplemente, las tropas babilónica de pecho estrellado
llegando hasta ellos al lugar que ocupan
derraman su sangre en el suelo asfaltado
sin circos ni arenas ni santos oficios,
en nombre del gran presidente elegido
y del gran poder nuclear de las bombas.

Babilonia, Babilonia,
que pasas tu antorcha en la historia del hombre
partiendo del Éufrates hasta el Misisipi,
¿cuántos intervalos de quedan de aliento
para concluir tu corrupción universal?


                                      Dhulikel, Nepal, 1983


Se me derrama el fuego


Nos dicen que el capital se globaliza
-no para el pobre, por cierto, que yo vea-
internet desbarata  las fronteras,
el Papa bendice urbi et orbe,
los satélites televisan nuestras guerras,
se tala el planeta para escenificar nuestro papel,
-comedia impresentable abucheada
por los vientos, el cosmos y los dioses-
el G-8, el G-20, el G-Davos y el G-humos
se coligan para enmendar el consumo,
quieren cambiar el nada por el todo,
o el todo por el nada, de pasada,
para que todo siga como estaba.

Yo subo a mi pequeño monte
lleno de primavera,
veo una hoja de hierba brotar entre las piedras
y dejo que su empuje me estremezca
más que cualquier humana fortaleza.

Ser los primeros, los más, los admirados,
entrar en el guinnes, los impar, los fascinados,
almas alertas al tener antes que al ser,
ahora es el banco el depositario de la fe,
ser gran empresa, la que más mata y pisotea
cualquier derecho del hombre y de la tierra.

Yo me acuclillo en calma y miro a mis adentros,
pongo timón y luz a mi batea,
marco en la carta el rumbo y el sentido,
cuando me elevo vestido de apacible
se me derrama el fuego en  la huella del camino.



Bosque planetario



Pasarás mi existencia y serás respiro de las razas,
cuando llegué ya estabas llenando el horizonte,
sencillo e imponente elevas tus crestas en la esfera
vestido en verde paz serena y mansa.

Siento tu crepitar cuando tu voz me alcanza
sentado en el refugio amplio que derramas
en subterráneo diseño a tus raíces
y al extendido abrazo de tus ramas.

La tierra entera llora tu muerte concertada,
impávido aparente soportas la mano que te tala,
tu especie protectora se mengua con las ansias
del humano comercio en tu piel y tus entrañas.

Has sido por los siglos paisaje que acompaña,
abrigo de leyendas, el fruto que saciaba,
calor de los hogares, navíos de batallas,
sabios y lerdos se nutren de tu savia.

Tu telúrica esencia bulle y calla
y aguarda,
y yo me esfuerzo por verte erguido de esperanza.


Cuando oigo España
(Con motivo del atentado terrorista-nacionalista
en Mallorca el 30 de julio de 2009)



Cuando oigo España
no puedo dejar de sentir
una armoniosa melodía en mis adentros
a pesar de los bandos, de los muertos,
todos tambores antiguos resonando
en un profundo culto de concierto:
gaita, guitarra, timples y trompetas,
cajones, palmas y tenoras,
atávico rumor que ríe o llora.

Estoy contento de ser español como sería
feliz de saberme nipón o bizantino,
humana humanidad de los iguales
no me seducen patrañas nacionales
ni los caminos que mueven a las guerras,
dejo esa muerte a quien vivir no quiera.

España,
no me avergüenza tu nombre ni me aplasta
el destructivo aullar de los rechazos
de quien nacido es sólo para odiar
de tu península el suelo vertebrado.

He habitado en Galicia, y en Asturias
he aspirado sus costas y sus prados,
desde el pueblo Cariño hasta Hondarribia
sus bravas lenguas de mar he navegado
a través del asombro, del silencio,
ventura compartida
con cántabros y vascos.

Saint-Jean-Pied-de-Port dejé por Roncesvalles,
Navarra, encrucijada de historia aquilatada,
de Carcastillo a Irati caminaba,
Zugarramurdi encontré sin ser buscada.

Aragón densa y fuerte, nací de tus entrañas
como nacen los dioses de las fábulas
como nacen los hombres de la tierra
con la carne pequeña y expectante
con el alma colgada en las estrellas,
en tu aire aprendí el respiro firme
de la nave segura que hoy me lleva.

Juventud catalana, Barcelona,
de tu círculo prieto y hermanado
bailó en redondo mi resuelta primavera,
donde mi edad culminó en la gran marea
sobre tu hondo estrato que me guarda.

Levante, Castellón, hogar sereno,
todos absortos al mar que nos reclama
por sus playas y sierras, por sus planas,
mediterráneo vaivén al filo de tus olas
deslumbrados al brillo de tus aguas.

Murcia de claridad, tesón que se derrama,
hacéis vibrar los mares, la tierra no os demarca,
colosos de la huerta, amigos de montañas.

Castilla desgastada, abrumadora,
cuentan tus vientos historias sofocadas,
tu dorso descarnado de bosques primigenios
me inundan en la paz
de quien mucho ha sentido y meditado.

La Rioja, tapiz cubierto de esmeralda,
no es sólo viña y bosque, es esta letra,
esta expresión que escribo también es riojana,
lengua nacida, tinta que avanza
atravesando siglos, transformada,
líquidos tinta y vino,
una me llena, el otro no me alcanza.

Del Almanzora al Guadiana, de sus bocas,
del Mulhacén a San Fernando
Andalucía entera es un regalo,
un estallido de luz que no lo acabo,
canto tartesso, fenicio y africano
que reencuentra a los siglos en su espacio.

Extremadura inquieta, no te he ido,
de paso a Portugal he visto tus terrados,
tus ciudades abiertas, tu entusiasmo,
y corazones tuyos que he amado.

En Son Anglada la casa de los sueños
del mallorquín almendro que desgrana.

Después el Teide, en sus faldas, La Esperanza,
los atlánticos mares de mi calma.

Melilla y Ceuta viví de singladuras
en magrebí color acrisolado,
marinos francos que el puerto me enseñaron.

¿Y qué me queda? ¡La Mancha!
Me ha recogido La Mancha entre sus ópalos,
entre sus torbellinos de cielos irisados,
has acunado los sueños de mis hijos,
me has ofrecido los trigos de mis manos,
me das gozo y amigos ¿qué más valgo?

No juego yo a política absolutista,
detesto los conjuros patrioteros
como pueril disfraz a las miserias
de seres incompletos,
ni apoyo a quien desmiembra tu substancia,
España, ibérica nave transitiva
en continentes que van a la deriva.
Sólo los locos y crueles te detestan,
sólo te vivo y sé que te creído,
y desde mis ancestros
inequívocamente enumerados por los siglos,
como hijos fieles que aman a su tierra
mi sangre te ha seguido.




Andes (2)


Traigo en mi espacio
romero de Europa,
mediterráneos almendros
y aquí me mira el guanaco, la vicuña
en conjunción oceánica
no ajenos, complementarios.
Quiero expandir mi bálsamo a estos vientos
desde mis brazos lanzar en agasajo
al gigante que observa en la quietud
de cordillera y planicie en vastedad,
aire escondido en el aire mismo
callado, inadvertido,
preñado de mensajes que se abren
en la revelación
de la mente quieta
que nada quiere
ni busca en este tramo
sino el instante de ser.

           
                                Paso de Jama, agosto 2009


Andes (1)


Yo grito con las voces de la nada
la voz de los rapsodas exhalada
a estas alturas andinas que me hablan
arrebatadas en la sangre
diciéndolo todo
en susurros callados, ancestrales
nieve y sol en exacta avenencia,
abismo y cumbre
en el exacto punto de mi vida.


Figuraciones asentadas


Mi piel, un poco más adentro…
la sangre, un poco más adentro…
el córtex, un poco más adentro…
el cerebelo, un poco más adentro…
la glándula pineal, un poco más adentro…
ese tendido eléctrico
llamado nervios
    -  asombroso, apenas vislumbrado,
       esa mole de líneas, esa razón.

Fuente de sangre y nervio
mi oscuridad, mi sol
mi abismo, mi cumbre
mi infierno, mi éxtasis - yo

Este pensamiento, un poco más afuera…
esta percepción ajena (¿ajena?)
esa piel nueva - tú

Tu piel, un poco más adentro…


Atacama


Del salar y la luna fusionados
de la Cruz del Sur y sus virajes
transparencias áureas
al pie de ígneos volcanes del desierto
en infinitas y estáticas planicies.
Sobre el Paso de Jama
de San Pedro a Argentina
en su silencio más elevado
he visto su gran diamante fulgurante.
Visión inesperada
del fondo de mi arcano.


Tell me, oh man


It seemed to me
you were a glitter with the stars
but after time
I've seen your lightning fall
Tell me, oh man,
why is your seed spread among the stones
where is your splendour gone?