Este eterno trasiego de presente


¿Por qué no nacemos ya sabidos?
¿Qué aciago juego es éste
de llanto en llanto
y de guerra en guerra
refugiados todos tras el pacto
de la rutina exacta y deletérea?

¿Por qué no nacemos ya sabidos
en el amor,
en el cuidado exquisito hacia los otros,
una bondad que natural viniera
sin cálculos mentales de aprenderla
ni doctrinas asimilables por el juicio
a través del tiempo y la conciencia?

¿Qué va a librarnos de esta muerte
sino el saber crecerse
recorriendo este mínimo camino de fulgor
que mueve nuestros pasos por la tierra
para seguir siendo infinito
en este eterno trasiego de presente?






Cada brizna de tierra


Veo naves hermosas hendiendo por mis mares
de cristalinas aguas que el fondo me revelan
y a luminosas huestes que en buen rumbo las llevan.

Veo la estirpe humana crecer en sus riberas,
adormecidos unos y otros que tienden velas
entre oleajes suaves y amagos de tormenta.

En cada paso paz, en cada campo flor,
en cada hombre un sueño, en cada ser un don,
cada brizna de tierra es armonía plena.

Yo vivo estas visiones sin pócimas ni hierbas,
quiere mi ente ser la libertad que alberga,
mas solo soy barquilla que a puerto fiel navega.

Los días de Wirral (1)


Sentado ante el estuario del río Dee,
las islas de Hilbre en su grandiosa apertura,
golpea la lluvia en la infinitud de cristaleras
que invocan la luz en las casas de Wirral.
El frío de diciembre me muerde los pies,
retenida la fiebre en los pulmones
de esta larga herida que es la vida
venida hoy a sentarme ante el océano
una vez más.

Un amigo me llama, iré más tarde,
un mensaje de Fada en Portugal,
un reflejo del río en la marea
que muere al suave encuentro con la sal.

Mi cordero se mueve sobre el verde
y el arco iris que cubre su perfil,
lo apaciento apacible en este prado
y es luminoso, sereno y ancestral.

Andamos nuestro aliento


Esta poesía, caminante, jamás puede morir
porque latía ya en los pretéritos del tiempo,
se cernía en los albores de los génesis
y se manifestó en el curso de las aguas
para tornar y hallarse en el eco que perdura
donde nada y todo forman el uno primigenio,
donde en el mal y el bien la mente no varía
y hallándose repleta, está vacía.

Y en esta hora que andamos nuestro aliento
por la vertiente torva que mueve nuestras sombras
hacia la luz embrionaria deslumbrante,
cuando igual que siempre
el mundo se hace mole de divisas y poderes
donde el iluso pretende comerciar el centro de la vida,

entonces, amigo,
peregrino solo que hollas el tramonte de los días,
emigrante de oriente y del poniente,
allegados de nieve y media luna,
transeúntes todos del sol y de los hielos,

es el momento de elevarse a cantar
melodías de alegría
que espanten a los túrbidos espíritus
que inundan las conciencias corrompidas,
es el instante de andar los bosques luminosos
que cierren vuestras distancias y la mía.

Podrán aislar nuestros cuerpos del mañana
y olvidarlos en tumbas escogidas,
mas ni aun así cesará esta semilla inacabable
que a cada instante renace hueste de sí misma.

Por tanto, gente de paso, compañeros todos,
proclamémoslo a la noche como al día,
sea este nuestro oficio de armonías
en esta tierra de estancia que nos mira.




Lograré con el filo de mis versos


¿Lograré con el filo de mis versos
herir al corazón en lo más vivo,
extraer las esencias de los néctares
y desatar los sueños detenidos?

¿Llegarán mis expresiones a igualar
las bellas armonías musicales,
el aroma de flor de primavera
y el rumor de apacibles manantiales?

¿Podré manifestar desde mi mente
la verdad que reposa en la conciencia
y se siente vibrar en lo profundo
cuando llega su voz en una pena?

¿Encenderé en las almas apagadas
semillas de esperanzas inmortales
que hagan sentir el fuego que yo siento
cuando quiero explicar lo inexplicable?


                                        Barcelona, 1976




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