Puerta del Sol, 15 de mayo


Las golondrinas se elevan por mi barrio
y en la distancia vibra una joven primavera,
Puerta del Sol vestida de renuevo
que suena en mis adentros y me espera
resplandeciente de almas conjuntadas
que invocan la justicia perdida en los decenios
de inoperantes regentes que la llevan.

Buscad, jóvenes, clamad paz y constancia,
no dejéis de gritar las libertades
a todos timoneles confundidos
con vuestra sangre despierta de esperanza,
no dejéis que os vacíen más la vidas
los lobos que en su noche os roban las esencias
y al despertar os llenan de falacias.

Cuando la ley es injusta, se traspasa,
lo hicieron Luther King, Gandhi, Nelson Mandela,
hasta el mismo Jesús saltó la regla
cuando se sabe que es justo lo que quieres
y sólo quieres quitarte la condena
de ser el reo de un yugo de extravíos
que ensalza al opresor y a ti te mengua.

Dice la junta central electoral
que te prohiben, que sobras, que molestas,
les rompes la rutina, les alteras,
y tú aguantas sin casa, sin faena,
te dejan secuestrado en tu futuro
en este España lustrosa de euroabuso
dejan que los raptores se acrecienten
a cambio de ser nada en esta empresa.

Buscad, también mayores, proclamad
por el legado que deja vuestra herencia,
por esa dignidad que a todos toca,
si cedes te arrinconan y te acallan
y el poderoso pasea sus poderes
que de tus manos surgieron en esfuerzo
y a ellas deben volver en abundancia.

                                         Leído por la megafonía de los Acampados en La Puerta del Sol
                                                                    en la luminosa mañana del  sábado 28 de mayo 2011


Se me derrama el fuego


Nos dicen que el capital se globaliza,
no para el pobre, por cierto, que yo vea,
internet desbarata  las fronteras,
el Papa bendice urbi et orbi,
los satélites televisan nuestras guerras,
se tala el planeta para escenificar nuestro papel
-comedia impresentable abucheada
por los vientos, el cosmos y los dioses-
el G-8, el G-20, el G-Davos y el g-humo
se coligan para enmendar el consumo,
quieren cambiar el nada por el todo,
o el todo por el nada
para que todo siga como estaba.

Yo subo a mi pequeño monte
lleno de primavera,
veo una hoja de hierba brotar entre las piedras
y dejo que su empuje me estremezca
más que cualquier humana fortaleza.

Ser los primeros, los más, los admirados,
entrar en el guinnes, los impar, los fascinados,
almas alertas al tener antes que al ser,
ahora es el banco el depositario de la fe,
ser gran empresa, la que más mata y pisotea
cualquier derecho del hombre y de la tierra.

Yo me acuclillo en calma y miro a mis adentros,
pongo timón y luz a mi batea,
marco en la carta el rumbo y el sentido,
cuando me elevo vestido de apacible
se me derrama el fuego en  la huella del camino.



Atitlán 1981



Viene en el aire
una amenaza de ángeles de fuego
que busca la garganta de tus hijos,
y en el lago suena una canción triste
de arrullos que se pierden tras las olas.

Hoy he visto tus montañas llorando
bajo un velo gris de nubes coronadas
que enjugaba el llanto de sus vertientes.

Hoy el viento me ha hablado de tus muertos,
de tus indios caídos en Quiché,
la sangre más antigua en tus fronteras,
más viejos que tu nombre, Guatemala,
tan viejos como Adán y Eva en sus jardines,
tan dignos como el sol de oro de su casta,
gente de paz que son y sólo buscan
medrar entre los pueblos de la tierra.

Nube azul, nube negra
que cambias tu luz en brillos de muerte,
¿no has mirado al pasar como se extiende
la sangre en la calle y la pena en el hombre?

Palestina


No lo sabrán hoy los corazones palestinos
ni llegará al oído de Israel
que en Hellín, lindero de La Mancha,
varios adolescentes, manos blancas,
sobre un estrado en un patio, han hermanado
a la derecha, un pañuelo palestino,
y a la izquierda, un manto hebreo de rezar.
Sobre ambos posa un símbolo sencillo,
un estandarte antiguo de la paz:
tres pequeños jinetes en camellos
que buscan a un infante por Judá.

En esta hora una casa en Palestina,
que es un refugio, esperanza y un fortín
otro mozuelo vigila en la ventana
a la patrulla judía que podría
entrar o no, quien sabe, o destruir
ese pequeño hogar de Gaza o Jericó.

Corre la sangre en el lecho de los años,
bombas suicidas, tanques, quebranto, destrucción
intifadas con niños, odios, jamás sobre jamás,
Caín y Abel repitiéndonos la historia
que ya sabemos, del hombre sobre el mar.

Quiero decir que ya no es tierra santa,
más se asemeja hoy a una tierra sin piedad,
lloran sus hijos por las llanuras yertas,
pabilo ardiente del fuego de Abraham.

Y aclamo hoy con fuerza desde el verso
que en un pueblo manchego, muy lejos del Jordán,
un puñado de jóvenes, con gesto natural,
han acercado la kufiya palestina
junto el talit hebreo, por la paz.